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sábado, 14 de junio de 2008

Dudas recorren

"Qué pensar. Qué buscaba. Qué buscaba ella. La perspectiva podía no ser la correcta.
Podía engañarla. El espejismo típico. Intuir lo que no es.
El deseo obliga a ver lo que el deseo dibuja.
¿Y la realidad? Me llama. Habla conmingo.
El pensamiento vaga a su antojo. Me deconcentra y me desconcierta."

"Qué extraño toparte de pronto con tu reflejo y que te sea ajeno.
Reconocerte en él, saber que eres tú, pero al mismo tiempo sentirlo otro."


Saber Perder

sábado, 5 de abril de 2008

Hasta que el aburrimiento...


"Las dimensiones de nuestra vida empiezan y acaban en nosotros mismos. Pero a veces queremos ampliarnos y por eso buscamos compañías. Pensamos que la adhesión a otros nos aportará algo que ellos tienen y nos apetece; buscamos conexiones que entiendan nuestro existir. La experiencia la iniciamos muy pronto: los amigos de la escuela, los del barrio... Con ellos, todo era divertido y mejor.

Después llegaron las primeras grandes amistades, esos nudos de vegetación virgen que entrelazados buscan luz y senda en la selva. Con otros sumamos aficiones, ideas, intereses e incluso sentimientos. Compartir era nuestra forma más bella de ampliar nuestro crecer. Hasta que un día, nuchos decidieron crecer unidos a otro ser. Como si no fuésemos enteros, alguien se convertía en nuestra otra mitad: dos medias naranjas de árbos y raíz distinta, gajos y jugos insertados envueltos en una piel común que debía protegernos de un clima llamado "la circunstancia". Pasaron los años. Unos se mantuvieron unidos y jugosos; otros, esposados por el aburrimiento.

A la pareja cada día hay que añadirle energía y sal de vida. Y cuando el aburrimiento asoma, agarrarlo por el cuello y ahogarlo entre libertades, sorpresas, complicidades, admiraciones y risas. Para crecer en compañía hay que crecerse y ayudar a crecer. Esposarse con el aburrimiento es aceptar vivir en la jaula sin salida de la desolación"


martes, 18 de marzo de 2008

De los amores negados a Saber perder

De los amores negados es el último libro que acabé ayer aprovechando mi dificultad para caer en brazos de morfeo.


Leer un libro es algo muy personal, no es como una película. En un libro puedes sumergirte en la esencia de aquello que el autor quería transmitir indagando en tu interior.

La lectura está impregnada con la fuerza de la palabra, la que te permite cerrar los ojos, imaginar, liberar la mente, no poner límites a la realidad porque tú la construyes, te permite transformar el escalofrío en sentimiento, te guía en una historia que sugiere y no impone, algo casi mágico que a la vez es etéreo y real.

Leer te puede alterar los sentidos: te puede erizar el bello, dibujar una sonrisa, hacer que se te agüe la boca o se te humedezcan los ojos, puede recorrer tu espalda mientras eres transportado a otro lugar donde decides ser actor o observador de excepción de una historia que se desarrolla no sólo con cuidados detalles y descripciones que realiza el autor sino también navega en los propios sentimientos, las percepciones, convicciones interiores que la condimentan trasladando la acción a un limbo equidistante entre autor y lector.

Los libros no se limitan a explicar una historia, los libros están vivos y pueden apoderarse de ti.

Os dejo con un par de fragmentos que he seleccionado:

"Era una noche de carnaval y fiesta, pero ella había huido en busca del húmedo mar; amaba la soledad del oleaje, la simetría de su música. Se había quitado los zapatos para sentir el crujir de las caracolas trituradas bajo sus pies, otro sonido que adoraba. Había llegado a la orilla y se había sentado a escuchar el vaivén de las olas... su respirar y espirar constantes. En ese momento, había entendido que las olas eran la respiración del mar; venían y se iban en un sí y no constantes. Decían sí cuando llegaban y lamían la arena, y no cuando se alejaban..."

"Pensaba "por qué será que cuando tenemos la felicidad soñada entre las manos no la saboreamos más a fondo?"; ¿por qué seremos tan inconscientes y nos cuesta identificar el momento de gloria?; ¿por qué no chupamos como troncos sedientos la savia de alegría de ese instante, y lo vamos liberando como alimento que nos nutra día a día?;¿por qué la felicidad nos pasa desapercibida en el segundo mismo en que la estamos viviendo, y luego toca revivirla a punta de recuerdos?;¿quién nos metió en la cabeza que la felicidad para ser reconocida, debía ir vestida de felicidad, con un letrero luminoso diciendo: hey, estoy aquí. Soy la felicidad, disfrútame?"

Podría perderme en los detalles, rellenar líneas con fragmentos. Aquellos que surgen cuando tras leer, sientes que necesitas releer, recitar en voz alta e incluso protagonizar como si en forma alguna descubrieran una parte de ti que aún no conocieras, que estuviera aún dormida. Pero en vez de ello, voy a reducirlo a algo simple, a aquello que me deja la novela tras acabar de leerla, al último sorbo, la última esencia, a aquello de nuevo que he descubierto en mi interior tras leerla (para los que quieran más está el libro).

Necesitamos liberar aquello que va bloqueando nuestros sentires. Mantener el espíritu limpio, espontáneo, atento, abierto a lo inesperado. No correr tras "la felicidad". Disfrutar de cada momento. No forzar las situaciones, ni obligarse a correr contra voluntad. Dejar fluir las sensaciones, los sentimientos, no apresurarlos. Dar salida a las pasiones, alimentarlas, pero también saborearlas y sobretodo compartirlas. La máxima realización, la culminación profesional o artística puede ser interiormente vana si va unida a un naufragio personal.

Esta mañana he comprado un libro en la Fnac del que había oído hablar: Saber perder . El título ya me había intrigado en el momento que lo escuché; He leído la contraportada y las buenas vibraciones iban en aumento; El primer parágrafo de la primera página ha sido la última señal que he necesitado para convencerme de que ese sería el siguiente:

"El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. Si encuentra las velas encendidas nos arrastrará a la velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de grietas o ranuras que le permitan filtrarse. El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento. Es el deseo de desear."

jueves, 14 de febrero de 2008

¿Deseo o no deseo?

Mucho se ha escrito sobre el imperio de los deseos.

Hay deseos de toda índole: de poder, de gloria, de tener y acumular, de amar y ser amado, de ser reconocido o respetado...y cuando los deseos se han esfumado y en lo más hondo sentimos ese vacío sin fondo que significa no desear nada de nada nos invade la urgencia de desear para seguir viviendo.

Los orientales hablan de la necesidad de no desear para alcanzar el bienestar. Los occidentales, de la necesidad de desear para alcanzar la felicidad. ¿En qué quedamos?¿Deseamos o no deseamos?


Hay un deseo que pocas veces nos detenemos a analizar: el de entendernos a nosotros mismos. Ese no se compra en ninguna parte; no depende de nadie más que de nosotros. No se trata de desear o no desear: se trata de girar la mirada hacia adentro y descubrir en lo más profundo de nuestro ser que mucho de lo que anhelamos está allí.


Ángela Becerra

viernes, 14 de diciembre de 2007

Ser orgulloso vs. sentirse orgulloso


"Ser orgulloso o sentirse orgulloso son dos polos opuestos.
Los orgullosos son aquellos que tienen el ego excesivamente cocinado. Aunque a veces y por necesidad de subsistencia hay que tragarlos, su chamusquina siempre es indigerible y tiende a provocar vómitos.
Sin embargo, cuando el orgullo se transforma en sentimiento, su significado gira en redondo. Sentir orgullo es el combustible de la convicción, la energía que nos aísla de de la frialdad de la duda, la brasa que mantiene cálido el cerebro.
El sentimiento de orgullo hace el trabajo un armazón íntimo sobre el que construimos nuestra pertenencia a una família, a un grupo, a un país. Se refuerza con realidades: la honestidad, el ejemplo, la capacidad, los éxitos y se destruye con estupideces: la crítica idiota y permanente, la avaricia de poltrona, la mediocridad, la falta de visión y ambición.
Sin sentimiento de orgullo nace la indiferencia, la apatía e incluso lo que es peor, la frustración."

jueves, 6 de diciembre de 2007

Chamán

"Tenía una amabilidad instintiva que formaba parte de su naturaleza, pero su desdicha la había vuelto particularmente sensible ante quienes se encontraban atrapados por las circunstancias. Siempre había estado tan unida a los Cole como si fuera de la misma sangre. Cuando Chamán daba los primeros pasos, lo habían acostado una vez en la cama de ella; se le había escapado el pipí y había sido Rachel quien lo había consolado y aliviado su vergüenza, y lo había protegido de las burlas de los otros chicos. La enfermedad que lo había despojado del sentido del oído la había inquietado porque era el primer incidente de su vida que le indicaba que existían peligros desconocidos e insospechados. Había observado los esfuerzos de Chamán, sintiendo la frustración de quien desea mejorar las cosas pero no puede hacer nada, y presenciaba los progresos de él con tanto orgullo y alegría como si se tratara de su propio hermano." [...]

"Poco a poco pasó de percibir las notas del piano a distinguir las otras vibraciones del mundo que lo rodeaba. Pronto pudo detectar que alguien llamaba a la puerta, aunque no podía oír el golpe. Era capaz de percibir las pisadas en la escalera, aunque ninguna de las personas presentes pudiera oírlas.

Un día, tal como había hecho Dorothy Burnham, Rachel cogió la mano de Chamán y la colocó en su garganta. Al principio le habló en voz muy alta. Luego moderó la sonoridad de su voz hasta convertirla en un susurro.
-¿Notas la diferencia?
La piel de ella era cálida y muy suave, delicada aunque firme. Chamán notó los músculos y las cuerdas. Pensó en un cisne, y luego en un pájaro más pequeño, porque los latidos de Rachel palpitaron contra su mano de una forma que no había sentido al tocar el cuello más grueso y corto de la señorita Burnham.
Él le sonrió.
- La noto- dijo."*
*Extraído de las páginas 430-433 del libro "Chamán" de Noah Gordon

lunes, 24 de septiembre de 2007

La historia de Caperucita y el Lobo

- Abuelita , abuelita , ¡que ojos mas grandes tienes!
- Son para verte mejor- dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
- Abuelita , abuelita , ¡que orejas mas grandes tienes!
- Son para oirte mejor- siguio diciendo el lobo.
- Abuelita , abuelita , ¡que dientes mas grandes tienes!

- Son para...¡comerte mejoooor!- y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzo sobre Caperucita y la devoró (a besos o a mordiscos???)


Y aquí una versión alternativa:

Caperucita iba por el bosque a visitar a su abuelita. Esa tarde, en lugar de pasteles, le llevaba pan tierno y perdices confitadas. En el camino se entretuvo cogiendo flores y perdió la cestita. Pasó el lobo por allí y la encontró. Conoció que era de Caperucita, la cogió, la llevó a casa de su abuelita y la esperó. Caperucita llegó llorosa, pero al ver la cestita se alegró. Tras Abrazar a su abuelita susurró:
-Muchas gracias señor lobo.
-No hay de que, Caperucita. Quise hacerte este favor y decirte que no seas tan descuidada pues en el bosque hay animales muy peligrosos y algún día..., pero, siendo sincero, lo que buscaba, era mirarte y gozar de tu hermosura.
Caperucita, al fin y al cabo mujer, fue intuitiva y adivinó que el lobo estaba por sus carnes. Complacida, bajó la cabeza y dijo sonrojada:
-¡Que cosas dice señor lobo! Está haciendo que me ponga colorada.
La conversación fue adquiriendo confianza. El lobo se relamía y no quitaba la vista de Caperucita. En un momento, que estimó que estaba distraída, se abalanzó sobre ella, la tomó por la cintura y dijo con pasión:
-Caperucita, me estás volviendo loco. Si me dejas, te como a besos.
-¡Por Dios señor lobo! ¡Qué vergüenza! Se va a dar cuenta de sus pretensiones mi abuelita- Y acercando la boca a la oreja del lobo musitó-: Mañana en el bosque, cuando estemos solos, le dejaré que me coma a besos.
Era una tarde maravillosa. Caperucita invitó al lobo a merendar, llevó a su abuelita hasta la mesa y dispuso el pan y las perdices confitadas.
Y fueron felices y comieron perdices...

Y aquí mi versión de los hechos:

Yo creo que la realidad fue una mezcla entre las dos historias. Caperucita suspiraba por tener algo más de emoción en su vida, pues estaba cansada de ser la chica de los recados y de vivir en un entorno rural donde lo más emocionante que hacía era echarle de comer a las gallinas y bañarse en verano en el río en ropa interior.
Caperucita ya sospechaba algo cuando vió a su "abuela" en la cama, su intuición femenina le indicó que allí se encontraba el lobo pero de cierta forma ella sentía una mezcla de miedo y atracción por él, así que decidió arriesgarse y lo intentó seducir con su inocencia.
Ella quería despertar algunas emociones que sentía atrapadas en su interior y que sabía que en su vida diaria no podía realizar, así que decidió conocer mejor cómo era el lobo en realidad: se pasaron toda la tarde hablando.
El lobo finalmente resultó ser un gran tipo, aunque lastrado por su apariencia y su soledad, caperucita se interesó por él y vió una persona sensible y cariñosa : supo ver en él lo bueno que tenía.
Descubrió que aquello que tanto le atraía era esa mezcla entre ferocidad y
delicadeza que le hacía ser segura y feliz, y así siguieron compartiendo tardes de verano en el bosque donde se explicaban como les había ido el día y disfrutaban de su compañía mutua.

Y tú, ¿Qué historia prefieres?

lunes, 20 de agosto de 2007

PASIÓN

"Yo quiero pasión. Quiero amor. Que me quieran. Que me lancen contra una pared y me besen hasta que yo pida tregua, pero que después me acaricien el pelo con amor. Sexo sin amor o cariño nunca lo quise ni lo quiero. No estoy tan desesperada como para pedir caridad, queridos"
...
"En el fondo me conocéis muy poco, en esto más bien nada. ¿Qué sabréis vosotros de la pasión? Yo sí. Y como lo sé, reservo las fuerzas para cuando encuentre a alguien que merezca la pena. Si pensáis que mi máxima aspiración es el lanzar cuatro estúpidos gritos durante media hora es que no sabéis nada de mí ni del sexo. Lo de la pared es el comienzo: la pasión requiere sangre, sudor y hasta lágrimas. Gritos, jadeos que te salen del alma escondida en un lugar tan profundo que al llegar a la boca suenan a lamentos. Es una batalla permanente. Es pasear la punta de la lengua por otro cuerpo con una fuerza y una suavidad que provoca el suspiro; es desear que te den la boca y te la quiten y suplicar que te la vuelvan a dar; es querer que te aten las manos y otras manos te acaricien con lentitud hasta que grites pidiendo que te calmen con un beso y otro más y otro más profundo; es mirar los ojos de quien provoca esos sentimientos y notar una descarga que recorre tu espalda y llega a la boca desde la nuca, y te llena la boca de saliva y los labios se hacen grandes y lo único que calma todo eso es la mano, la boca, el otro cuerpo. Es ver un caramelo y desear ponerlo entre los labios y comerlo boca a boca, y querer meterlo en cada oquedad del cuerpo junto con tu lengua y sentir que tu alma está más cerca del cielo que nunca. Eso es la pasión. Pero sin el deseo de quedarse dormido junto a quien te hace sentir todo eso, de dormir cada noche, de despertar cada día con esa mano enganchada en tu cintura y de que esa boca te bese de mañana, sin eso, sin ese deseo que es el auténtico, el de verdad, no hay pasión, sólo carne contra carne y ansia fácil, sólo respuestas a estímulos mecánicos perfectamente orquestados por el cuerpo. Eso es lo que creo y algún día encontraré a quien piense lo mismo."*


Sencillamente genial. Imposible para mí no emocionarme tras degustar cada una de las exquisitas frases, saborear cada uno de los sentimientos que transmite de forma única.

La pasión irrumpe
como un vendaval arrasando todo aquello que encuentra a su paso, no atiende a razones, explicaciones o la lógica.

La pasión, devastadora y violenta domina los seres humanos, los posee, los alienta y los dota de poder y decisión, los eleva y entrega en bandeja cada una de aquellas cosas que les niega la razón.

La pasión, como una llama puede arder llevandose los más sólidos argumentos; puede consumirse de forma latente esperando el tronco que le de vida, la ilusión que la inunde; puede extinguirse hasta convertirse en cenizas candentes que nunca del todo quedan apagadas.

* Extraído de la pág.83 de "Nunca miras mis manos" de Susana Pérez-Alonso

P.D.: Recomiendo el libro. Si os ha interesado aquí os dejo una entrevista a la autora en la que responde a preguntas abiertas del público en general.

martes, 26 de junio de 2007

Los sueños despiertos

Cuando no se sabe adónde ir, nunca se llega a donde no se sabe. Cada uno a su manera guarda en el cerebro un surtido de objetivos que algún día desearía hacer realidad, porque los intuye como logros para su bien personal e incluso su felicidad.

Conseguir la armonía con quienes hay más proximidad de cerebro y alma, establecer una nueva relación que excite los poros, descubrir ese alguien que apague las soledades, hacer posible ese viaje o aquel trabajo, leer y asumir aquel libro, adelgazar aquellos kilos… una infinidad de objetivos e ideales, de sueños personales e intransferibles que vamos construyendo y tejiendo a lo largo de nuestra vida.

Es lógico que muchas de nuestras actuaciones las hagamos pensando en hacerlos posibles, porque cuanto más se pierde el tiempo, el tiempo menos responde. La intención y el esfuerzo para conseguir lo soñado siempre estiran la energía, hinchan la pasión y optimizan las neuronas: nos hacen vibrar, que es la forma más llena y bella de vivir.

Incluso en las épocas de mayor abatimiento, cuando el suelo se nos ha vuelto barro y el aire arena, hay que formularse un deseo posible, asirse a un ideal y concentrarse en conseguirlo, porque sólo ahí es donde encontramos el ápice de energía que nos permite sentir en nuestro interior una lejana y a veces casi imperceptible vibración: la del retorno a la vida.

Siempre hay que soñar… incluso para seguir bien despierto. (Ángela Becerra)

De forma inevitable y en ocasiones imperceptible incluso para sorpresa propia tendemos a encaminar nuestras acciones para conseguir la realización de nuestros sueños.

Aunque nos parezcan lejanos, despreocupados de la realidad de nuestro día a día, seres intermitentes que nos visitan sin avisar siempre están ahí, nos acompañan y aparecen cuando más se necesitan.

¿Quién no ha pensado cómo será su vida dentro de 1 año, 5 ó 10 años?, ¿quién puede negar el deseo de ver cumplidos estos "sueños"?.

Aunque todos, en ocasiones, nos hagamos estas preguntas, sus respuestas no son las que rigen nuestro día a día. No son las que nos dan energía para levantarnos por la mañana, para aguantar la bronca del jefe en el trabajo, para arreglar los fallos que tiene un trabajo,...

Necesitamos triunfos, premios, reconocimientos de algún tipo que sustenten nuestro esfuerzo diario. A veces los encontramos en un programa que nos hace reír, otras en una pareja que nos abre los brazos de su cuerpo y las puertas de su corzón, a veces puede ser un consejo materno, una llamada de la abuela que se acuerda de tí, la comprensión de un amigo, ...

Pero siempre necesitamos gasolina que nos impulse, que nos acerque a nuestros sueños o que acerque nuestros sueños a nosotros, que de alguna forma convierta en verdades nuestras ambiciones, un viaje a una especie de "Canaan" interior, un trayecto que nos ayuda a conocernos, valorar qué queremos y con quien lo queremos compartir.

jueves, 7 de junio de 2007

No sólo de pan vive el hombre (y la mujer)

Carne y huevos para los músculos, frutos secos para la memoria, leche y yogures para los huesos, fruta con vitaminas para las defensas, ...

En algún momento u otro todos hemos oído hablar de la importancia de tener una dieta equilibrada i variada. Una
entelequia piramidal que asocia un grupo de alimentos a cada uno de los nutrientes que nuestro cuerpo necesita para encontrarse bien.

En nuestra libertad, seleccionamos entre una amplia gama aquellos que más nos agradan, pero nuestro cuerpo sabiamente nos hace saber cuando hemos descuidado alguno de los ladrillos de la pirámide, nos avisa cuando nota alguna carencia o cuando percibe que algo no funciona bien.


Las personas tambien necesitamos "alimentar" nuestra alma, darle certezas en las cuales creer, objetivos por los cuales luchar, ilusiones que nos permitan soñar, éxitos para celebrar, emociones con las que vibrar, tonterías para reír, historias para evadirse,... ... y sobretodo personas, personas importantes, que nos permitan conocer y compartir realidades y sueños, temores y certezas, luchas y celebraciones, risas, secretos, historias,...

Personas en las que confiar, nos escuchan cuando necesitamos hablar, estan allí cuando nos sentimos solos, que son agua cuando tenemos sed, que confían en nosotros cuando dudamos, que nos sirven de apoyo si nos tambaleamos, y son un impulso cuando triunfamos.

En caso de necesidad, acudimos a expertos en nutrición que nos aconsejan como suplir alguna carencia alimentaria, diseñan una dieta que se ajusta a nosotros, que nos aporta aquello que nos puede faltar o nos exime de consumir aquello de lo que pecamos en exceso.

Se ayudan de elementos específicos que nos ayudan a compensar nuestros desequilibrios, listan una serie de hábitos y costumbres que pueden colaborar a recuperar una estabilidad en aquellos que nos hemos sobrepasado, nos ayudan a encontrar una regularidad para nuestro bienestar.

Pero que pasa cuando nuestro interior se encuentra descompensado?

Es curioso como de forma inconsciente recurrimos a recuerdos y personas para copar esas
carencias, llenar esos vacíos y vaciar esos caudolosos ríos de sensaciones que nos recorren.

Personas
en las que buscar una sonrisa cuando no estamos felices, en las que dipositar nuestra confianza cuando necesitamos compartir nuestras euforias,

Recuerdos, cuando utilizamos la impronta de momentos que quedaron grabados en nuestras vidas,que saboreamos cuando recordamos cada uno de los gestos, palabras, miradas como manjares que degustmos con nostalgia, felicidad, pasion,...

Y asociamos aquello que nos falta con una persona, o un momento especial.

viernes, 1 de junio de 2007

Soledad soleada

"Camino las calles y me distraigo observando el novedoso colorido de las camisas, la primicia de los brazos desnudos, las primeras sandalias libertinas.

Las faldas suben y los pantalones se encogen; las terrazas ofrecen alegrías al aire libre. Los abrigos quedan castigados en un rincón perdido. Comienza a calentar el sol. Todo parece distinto: la estación invita a relajarse, pero en el fondo todo sigue igual. Los rostros contraídos llevan colgado su silencio irrompible y su rutina intocable. Sólo la primavera ha florecido en los grandes almacenes que alientan el consumo de las almas solitarias. Castigo y premio.

Leo en un diario que en Tokio regalan abrazos en las calles. Un grupo de voluntarios, tal vez tratando de frenar el alto índice de suicidios en un país que ha olvidado tocarse, se ofrece a regalar abrazos cálidos en un universo frío de distancias. El abrazo, un gesto tan sencillo, regala un sentimiento primigenio: sentirse protegido. Protegido que es igual a sentirse comprendido, amado y respetado.

No es una secta, ni pretenden vender ni comprar nada. Son jóvenes con ganas de cambiar un esquema que cada vez encierra más al ser humano. Quieren prevenir lo que viene: mientras en el Antártico se deshace el hielo, en los países desarrollados se congela el alma. Ojalá no caigamos en la peor de las desgracias: la soledad helada.

Llueva, nieve o ventee, habría que sacar el alma al sol para que se caliente." (Ángela Becerra)

Nadar contra corriente no es fácil, la sociedad nos arrastra en un mar de convencionalismos establecidos y conductas políticamente correctas, intentando que actuemos e incluso juzguemos según estos principios, "el legado de la civilización", un tácito acuerdo de convivencia que emmascara realidades desconocidas en comportamientos habituales.

Sin embargo, existen llamadas interiores que a veces son incontestables, en las que nos recorren preguntas que se repiten, imágenes que nos asaltan, sentimientos que nos invaden. Nacen de los instintos más elementales, que todos portamos interiormente.

Llamadas que de alguna forma se posicionan como contrapunto a aquellas que nos dicta nuestra razón, llamadas en que la prudencia y deseo conducen a caminos opuestos, que suspiran por contactos que nos calienten el alma, para alejarnos de los miedos y acercarnos a la calidez de las personas.